"Los terapeutas Gestalt somos artesanos de la forma y funámbulos de la clínica."
Nieves y Pedro

ATMÓSFERAS SELFICAS

©Peter Kertis
Atermon

En unas sociedades en las que se ha potenciado el paso al acto, donde decir lo que se piensa, hacer lo que se quiere, coger lo que se necesita ha sido valorado como casi el único camino para alcanzar “la felicidad”, la retroflexión ha sido anatema. “No te quedes nada dentro”, nos han dicho, porque eso provoca trastornos psicosomáticos, ansiedad, infelicidad.

La expresión de sentimientos el bálsamo de fierabrás que todo lo curaba. Así se potenciaba una cierta idea del YO a base de sacar al exterior lo que en el interior sobraba.

La Terapia Gestalt además de cuestionar la distinción fuera/dentro, nos introducía el concepto de ajuste creativo (en un entorno obviamente). Había más de una vía. Cada situación exige una respuesta creadora. Y este es el tiempo de la retroflexión. Tragarse los besos, retroflectar los abrazos, limitar la expresión de expresiones que puedan ofender. Y todo en aras de limar las asperezas
convivencia y el contagio imprescindible para combatir la pandemia.

Ahora los abrazos, los besos matan. Esa posibilidad siempre hubo estado ahí, la única diferencia es que ahora es absolutamente patente. La buena noticia es que si las formas en que nos neurotizamos son limitadas, las formas de contacto creativo son infinitas. La retroflexión disminuye el contactoobsoleto para permitir otras formas nuevas de contactar.

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